Cinco o seis días de pasos, silencios y calma. La Via degli Dei no es un simple trekking, sino una inmersión en un tiempo suspendido. Se sale de Bolonia dejando atrás los soportales de San Luca y, casi sin darte cuenta, te encuentras en un mundo de crestas batidas por el viento, hayedos centenarios y pequeños pueblos donde el tiempo parece haberse parado. Quien recorre los 130 kilómetros de este trazado histórico aprende a conocer sus propios límites y la belleza del esfuerzo compartido, atravesando el corazón salvaje de los Apeninos y las colinas del Mugello.
Cada etapa tiene su historia, su olor a tierra y a pino y sus dificultades: de las subidas exigentes del Monte Adone a los senderos históricos de la Flaminia Militare, donde se camina literalmente sobre las piedras que colocaron los romanos. Pero es en la última etapa cuando el ambiente cambia y empieza a subir una euforia extraña y muy bonita.

La emoción de la meta: el descenso hacia Florencia
Superado el último gran collado, el caminante llega al balcón natural de Fiesole. Desde aquí ya se ve el destino: la cúpula de Brunelleschi asoma sobre los tejados rojos de Florencia y se va haciendo más grande a cada paso. Empiezan los últimos kilómetros, por fin cuesta abajo.
La entrada en la ciudad es una explosión. Cuando pisas el empedrado de Piazza della Signoria, entre las miradas curiosas de los turistas, el camino está oficialmente terminado. Te encuentras bajo el Palazzo Vecchio, cansado pero orgulloso, sellando la última casilla de la credencial.
La Via degli Dei te cambia por dentro. Llegas a la meta con la cabeza despejada del ruido de todos los días y con esa satisfacción que solo da el camino. Hay un pequeño detalle: si el ánimo está renovado, las piernas están para el arrastre.

Hechas las fotos de rigor con la mochila en el suelo, llega el momento de los primeros caprichos: un helado artesanal o un refresco bien frío para la sed. Por fin se desatan las botas, compañeras fieles de tantos kilómetros, y empiezas a buscar un rincón tranquilo. Después de tanto polvo, de horas al sol o bajo la lluvia, y de noches en literas compartidas, el cuerpo pasa factura. La hazaña está hecha y toca celebrarla con algo de comodidad.

Después de la Via degli Dei: dónde descansar en Florencia
Una vez terminado el camino, la tentación de correr a la estación para volver a casa es fuerte, pero merece la pena regalarse un último momento de descanso. Antes de ponerte en marcha, puedes reservar una noche en nuestro B&B Marbò Florence.
Será la ocasión perfecta para una ducha larga, dejar reposar las piernas y dormir de un tirón después de tanto esfuerzo. Estamos a solo 150 metros de la estación de Florencia Santa Maria Novella: llegar al final del camino es sencillísimo y, al día siguiente, tendrás el tren a dos pasos.
Y si al día siguiente todavía te quedan fuerzas, nuestro itinerario de un día en Florencia empieza justo aquí; para las piernas cansadas, en cambio, recomendamos una parada en una de las heladerías del Oltrarno.







